05
Mar
¿Deberían los social media ser un privilegio para todos?
Últimamente leo muchas noticias que se refieren a la poca privacidad en las redes sociales, casi todas ellas se centran en Facebook. Hace menos de un mes la Guardia Civil localizaba a algunos miembros de un comando etarra después de que éstos publicasen fotos propias y actualizasen su perfil en Facebook.
Hoy, de nuevo, me entero de que un soldado israelí ha echado por tierra una operación de detenciones en Cisjordania después de que éste actualizase su página de Facebook con el siguiente mensaje: “Este miércoles vamos a limpiar Binyamin en un operativo de arrestos. Mañana otro operativo de arrestos y después, si Dios quiere, a casa este jueves”. Sus compañeros denunciaron el hecho, y el indiscreto soldado fue retirado de su puesto de trabajo y castigado con 10 días de cárcel. No era un hecho aislado, sino que en 2008 también se vieron obligados a replantearse las libertades digitales de sus soldados por la publicación en Facebook de algunas fotos con información delicada.
En cualquier caso, la respuesta de la Unidad de Seguridad de la Información de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) fue publicar una carta para recordar a sus tropas que “la inteligencia enemiga analiza Internet en busca de informaciones del IDF”. Una colleja demasiado dulce para creer que es ciertamente la única “represalia” tomada.
Recibo al mismo tiempo la autorización del Departamento de Defensa estadounidense, que ha decidido permitir a los soldados del Pentágono el acceso a redes sociales y blogs. El zar de social media del Pentágono, Price Floyd, anunció la apertura a través de un tweet. Queda claro que Internet beneficiará la relación entre los soldados desplazados y sus familias. Incluso pretenden que éstos cuenten sus historias en internet.
Asombrosa la capacidad de los social media, ya no de socializar a las personas, sino de humanizarlas. El comportamiento y forma-de-ser/hacer de ciertas profesiones, desde siempre inflexibles como las religiosas o militares, quedan ahora en entredicho. Quizá llevaban siglos pidiendo a gritos -silenciosos- esa libertad. O quizá se haya convertido en “libertinaje”. Más allá del absoluto respeto y preservación del derecho a estar informado, ¿deberían limitarse los privilegios digitales (informativos) para ciertas profesiones de las que dependen algo más que la privacidad personal? ¿Sería esta censura justificada?