02

Ene

En las últimas semanas me he esforzado por animar con mensajes, correos, llamadas y abrazos/besos a unas taitantas personas, allegados, amigos, familiares, a mí misma. Como si la Navidad sacase lo mejor de las personas, y lo peor o lo más triste de otras. Para unos es un relajo anual, el suspiro atragantado, el seacabódeunavez y el empiezodecero; para otros no es sino una lista de faltas, defectos y vacíos. Me pregunto si, llegado el punto en que un fragmento del año se pudiese suprimir a antojo del usuario que vive su vida, nos seguiría afectando del mismo modo la estación, sea ésta la primavera y sus destapes, el verano y sus paseos, el otoño y sus películas o el invierno y sus campanillas.

Para los que, por H o por B, NO acabaron el año como habrían querido.

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